Una fuerte crisis atraviesa las fuerzas policiales de varias provincias argentinas, en especial en Santa Fe y Rosario, donde efectivos se rebelaron y protagonizaron protestas y acuartelamientos en reclamo de mejores salarios, condiciones laborales y atención a la salud mental, según fuentes oficiales y testimonios de los propios agentes.
Los uniformados denunciaron que sus remuneraciones están muy por debajo del costo de vida, con sueldos que en muchos casos ni siquiera cubren la canasta básica familiar, mientras enfrentan la presión cotidiana de combatir el crimen y cumplir con largas jornadas de trabajo. Ese descontento se combinó con señalamientos internos sobre corrupción, malos tratos por parte de superiores y falta de equipamiento adecuado, factores que, según varios policías, han profundizado la crisis en el interior de las fuerzas.
En Rosario, decenas de patrullas y motos quedaron estacionadas con sirenas encendidas frente a la jefatura policial, acciones que se prolongaron por varias horas y que los propios efectivos definieron como una forma de visibilizar su malestar. Las protestas fueron acompañadas por familiares y retirados en algunos casos, y derivaron en tensiones internas cuando agentes en actividad recibieron órdenes de intervenir contra sus colegas manifestantes.
Especialistas y legisladores señalaron que el conflicto también deja en evidencia la falta de atención a la salud mental de los efectivos, un aspecto que cobran relevancia tras varios casos de suicidios y estrés laboral crónico dentro de la función policial. Para muchos, estas problemáticas son consecuencia de años de desinversión y de políticas salariales que no se ajustan a la inflación y al costo real de vivir.
El Ministerio de Justicia y Seguridad de Santa Fe advirtió sobre actos de abandono de tareas, inmovilización de vehículos policiales y otras medidas que, en su opinión, ponen en riesgo la seguridad pública, mientras busca canales de diálogo con los representantes de los uniformados.
