Verónica Stockmayer es docente jubilada y titiritera, parte fundamental de la historia educativa de Montecarlo. Comenzó su carrera trabajando seis años y medio en una escuela primaria. Luego, emprendió una hermosa aventura: fundó y dirigió una escuela de títeres que marcó un antes y un después en la educación local. Trabajo en el frente desde el 1 de septiembre de 1987 hasta marzo de 2023 «fui coordinadora, docente y portera al mismo tiempo».
“Fue un privilegio participar en un proyecto educativo que fomenta el pensamiento creativo”, recuerda Verónica. “No todos mis alumnos fueron artistas, pero algunos son buenos padres, buenos ciudadanos, y eso me llena de orgullo”. En dialogo con Portal Misiones, recuerda cuando se cruza con sus exalumnos, dice, “nos saludamos, nos gritamos y siento mucha alegría”. Lo que más recuerdan sus estudiantes es ese «olor a la escuela de títeres»
Raíces humildes y recuerdos de infancia en Montecarlo:
Verónica creció en Montecarlo, en una humilde casa de madera con techo de cartón que le cedió Jacobo Ranger a su familia, ya que su mamá trabajaba para él. En ese hogar sencillo vivió una infancia llena de juegos y fantasías junto a sus amigos, a quienes llamaban “forajidos” y con quienes jugaba a caballeros y corceles «jugaba arriba de ese techo y era nuestro mundo de fantasías».
Su papá, camionero de oficio, estaba casi siempre lejos, sin teléfonos ni celulares que facilitaran el contacto, por lo que su mamá “por si acaso” siempre tenía la comida preparada, sin saber cuándo regresaría. Su recuerdo más hermoso es “levantarme de madrugada, ver a mi papá y encontrar los regalos de chocolate” afirma Stockmayer.
Con orgullo, Verónica dice: “No me gusta la frase ‘nací y me malcrié’; yo nací y me bien crié en este pueblo”. Desde niña soñaba con ser maestra, un anhelo que logró concretar y que hoy, jubilada, sigue abrazando con pasión y ganas de seguir aprendiendo, especialmente esperando el desafío de trabajar con adolescentes.
Educación con límites y valores: enseñanzas para la vida real
Verónica recuerda que en la escuela se enseñaba a respetar los propios límites y a esforzarse, “no todo es divertido”. “El ritmo de vida ahora es diferente, hay menos padres en casa y los chicos no toleran frustraciones”. Para ella, la escuela es un espacio donde se generan inquietudes y se aprende a convivir con las dificultades.
Sobre la tecnología, tiene una mirada crítica pero conciliadora: “No reniego de la tecnología, nos abre muchas posibilidades, pero hay que poner límites… La escuela y todas las instituciones deben poner limites… la escuela debe ser un lugar de inquietudes y de enseñanza, no todo puede ser divertido”.
Además, habla del respeto y la convivencia como bases para una sociedad menos dividida. “Todos tenemos valores y principios, aunque algunos están silenciados porque solo existe un tipo de voz para el gobierno”. “La inclusión es convivir, todos somos diferentes, hasta los gemelos”, afirma con convicción.
