Con 52 años de edad y una enfermedad terminal diezmando su cuerpo cada día, Miguel Vera pasa sus días en una casilla ubicada en el sector externo del antiguo pabellón central del Hospital Ramón Madariaga de la ciudad de Posadas. Allí, fuera del edificio abandonado, Miguel instaló su colchoneta y sus escasísimas pertenencias. Entre dolores físicos y carencias materiales, Miguel ya lleva seis meses viviendo en este lugar. Fotos y fuente: Sergio Alvez
“Perdí una casa en el barrio El Porvenir, por problemas familiares. Entonces encontré este lugar. Nací aquí y hoy la vida quiso que me esté muriendo aquí también. No molesto a nadie, y salgo a buscar comida, que comparto con quienes necesitan. Pero lamentablemente cuando salgo de acá sufro robos de lo poco que tengo” cuenta el hombre.

A Miguel le extirparon por completo uno de sus oídos y padece ceguera total en uno de sus ojos. Estos padecimientos se suman a la delicada condición de varios de sus órganos vitales, y a dificultades motrices que se agudizan día a día.
“Lo único que pido es un lugar donde estar tranquilo. Con la última tormenta pasé muy mal. Quiero una casita, humilde, donde pueda tener un techo y tomar mi mate sin molestar a nadie, y vivir lo que me quede por vivir” dice Miguel, apelando a la empatía de quienes puedan ayudarlo. No posee celular ni tiene familiares. Está solo, pero se lo puede encontrar fácilmente en este particular sector abandonado del nosocomio más importante de la provincia.
