A solo dos semanas de Navidad, el tradicional asado familiar empieza a sentirse cuesta arriba en la zona norte de Misiones. Un relevamiento realizado por periodistas de Portal Misiones en locales comerciales de Montecarlo, Puerto Rico, Eldorado, Wanda y Puerto Esperanza confirma que los precios de la carne se han vuelto un terreno cambiante: aumentan casi a diario y obligan a caminar de carnicería en carnicería para encontrar una oferta más accesible.
El último mes dejó claro el ritmo acelerado de las subas: 25% en noviembre y otro 10% en lo que va de diciembre. Los carniceros de la zona dieron testimonio en que no se trata de incrementos aislados, sino de un movimiento constante impulsado por el costo del flete, el gasoil y la cadena logística, factores que encarecen todo antes de llegar al mostrador.
En la recorrida, uno de los valores que más llamó la atención fue el de la molleja, que promedia los $25.000 por kilo. Las achuras, aunque algo más baratas, también siguen el ritmo de aumentos. Los proveedores (principalmente de Entre Ríos, Ruiz de Montoya y Puerto Rico) abastecen de manera similar a casi todas las carnicerías de la zona, lo que explica por qué los precios apenas varían de una localidad a otra.
En los cortes más buscados para las fiestas, el panorama no es mucho mejor. La bajada del novillo para costilla ronda los $8.900, pero en góndola se vende entre $14.500 y $19.000 el kilo, dependiendo del comercio. El vacío, que llega a los frigoríficos a unos $8.800, pero termina con un precio de venta cerca de los $16.000. Los carniceros señalan que el IVA absorbe cerca del 30% del precio final, un factor que también empuja hacia arriba los números del mostrador.
A medida que la carne sube, las familias reducen porciones y ajustan lo que pueden para mantener la tradición del asado. El índice de variación de precios se siente incluso en productos complementarios: a la vera de las rutas, el choclo se ofrece entre $3.000, $4.000 y hasta $5.000, según el vendedor.
Con el cierre del año a la vuelta de la esquina, el tradicional asado familiar se convierte en un desafío más dentro de los costos crecientes que atraviesan los hogares misioneros.
