A comienzos de los años 2000, miles de familias yerbateras de Misiones atravesaban una de las peores crisis económicas de su historia. La desregulación del mercado impulsada durante la década del ’90, sumada a la desaparición de organismos de control como la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), provocó una fuerte caída en el precio de la hoja verde y dejó a pequeños productores al borde de la quiebra. En muchas chacras, el valor que se pagaba por la producción no alcanzaba siquiera para cubrir los costos básicos de cosecha y transporte.
Frente a ese escenario de pobreza, endeudamiento y abandono estatal, colonos de distintas localidades comenzaron a organizarse. El 29 de mayo de 2001 se produjo el primer gran Tractorazo en Oberá, donde decenas de productores llegaron con tractores, camionetas y cosechadoras para reclamar un precio justo para la yerba mate y políticas de protección para el sector. La protesta rápidamente creció y se transformó en un símbolo de resistencia del agro misionero.
La movilización continuó durante 2002 y tuvo su momento más recordado cuando cientos de productores ingresaron a Posadas y acamparon frente a la Casa de Gobierno durante más de 50 días. Con viejos tractores cubiertos de banderas argentinas y carteles de protesta, los yerbateros ocuparon la plaza 9 de Julio mientras realizaban cortes de ruta y paros de cosecha en distintos puntos de la provincia. La protesta recibió el apoyo de docentes, trabajadores, comerciantes, organizaciones sociales y vecinos que acompañaron el reclamo de los colonos.

El Tractorazo no sólo expresó una crisis económica, sino también un profundo conflicto social. Muchos productores denunciaban que las políticas neoliberales de la época favorecían a grandes industrias y exportadores, mientras expulsaban a pequeños agricultores de las chacras hacia las periferias urbanas. La lucha yerbatera logró visibilizar la situación de miles de familias rurales que sobrevivían en condiciones precarias y reclamaban ser parte de las decisiones sobre el precio de su producción.
Finalmente, tras semanas de negociación y presión social, el Gobierno nacional reglamentó la Ley 25.564 y puso en funcionamiento el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), organismo que desde entonces regula parte de la actividad yerbatera. Para muchos productores, aquella conquista marcó un antes y un después en la historia agraria de Misiones y se convirtió en uno de los movimientos sociales más importantes de la provincia. A más de dos décadas de aquella histórica protesta, el Tractorazo sigue siendo recordado como una expresión de unidad, dignidad y lucha colectiva del pueblo yerbatero.

