El precio internacional del petróleo superó los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, impulsado por la escalada del conflicto bélico en Medio Oriente que involucra a Irán y a potencias occidentales. La suba generó preocupación en los mercados energéticos globales, ya que la guerra amenaza con interrumpir el suministro de crudo y podría provocar nuevas presiones inflacionarias en distintos países.
De acuerdo con los datos del mercado, el crudo Brent —referencia internacional— alcanzó los 108,15 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), utilizado como referencia en Estados Unidos, llegó a 107,97 dólares. Ambos valores representan un fuerte incremento respecto a los niveles previos al conflicto, cuando los precios rondaban los 82 y 77 dólares respectivamente.
El aumento de las cotizaciones está directamente relacionado con los ataques y tensiones militares entre Estados Unidos, Israel e Irán, que han puesto en riesgo instalaciones energéticas y rutas estratégicas de transporte de petróleo. Los mercados reaccionaron con fuerte volatilidad ante el temor de que el conflicto afecte la producción o el traslado de crudo desde Medio Oriente hacia el resto del mundo.
Uno de los puntos más sensibles es el estrecho de Ormuz, una vía marítima clave por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Las amenazas y ataques en la zona redujeron el tránsito de buques petroleros y generaron temores de desabastecimiento, lo que empujó los precios hacia arriba.
Analistas internacionales advierten que, si la guerra continúa o se intensifica, el petróleo podría seguir subiendo e incluso superar ampliamente los 100 dólares, lo que tendría impacto en los precios de combustibles, transporte y alimentos a nivel global. Además, el aumento del crudo podría complicar los esfuerzos de los gobiernos para controlar la inflación y mantener la estabilidad económica.
En este contexto, los mercados energéticos se mantienen atentos a la evolución del conflicto en Medio Oriente, ya que cualquier interrupción prolongada en la producción o el transporte de petróleo podría desencadenar una nueva crisis energética global, similar a las registradas en otros momentos de tensión geopolítica.
