Después de casi cuatro décadas sin registros, la nutria gigante vuelve a nadar en aguas argentinas gracias a un ambicioso proyecto de conservación impulsado por Fundación Rewilding Argentina. En diálogo con Portal Misiones, Marisi López, integrante del equipo, explicó los detalles de un trabajo que marca un antes y un después para la biodiversidad del país.
“El animal estaba completamente extinto en toda la Argentina, no solo en el Iberá”, remarcó López. El último registro de una familia de nutrias gigantes data de 1986, lo que dimensiona la magnitud del logro: recuperar una especie clave que había desaparecido por completo del territorio nacional.
La reintroducción comenzó en el sistema de humedales del Esteros del Iberá, donde ya se logró liberar una familia completa con crías. No es un detalle menor: “la particularidad de esta especie es que hay que liberar una familia entera, porque no son animales que puedan vivir solos. Si se libera uno, puede morir de angustia”, explicó. Estas familias están compuestas por una hembra dominante, un macho y sus crías, con una fuerte estructura social.
Además de su valor simbólico, la nutria gigante cumple un rol ecológico fundamental. “Ayudan mucho al sistema acuático porque regulan el flujo de peces”, señaló López, destacando su función como depredador tope en los ecosistemas acuáticos.
El proceso de recuperación fue largo y complejo. Los animales provinieron de zoológicos de Europa (incluyendo ejemplares de Madrid, Francia y Dinamarca) y atravesaron un riguroso operativo de traslado, cuarentena y adaptación. “Fue un desafío gigante: desde el transporte en cajas especiales hasta la construcción de corrales enormes y madrigueras para su adaptación”, relató. También se realizó un seguimiento detallado del comportamiento, incluyendo cómo los adultos enseñan a las crías a nadar, pescar y alimentarse.

El trabajo de reintroducción no termina con la liberación. Según explicó López, el objetivo es continuar incorporando nuevos ejemplares para asegurar diversidad genética. “Vamos a seguir en la búsqueda de más animales. La idea es que haya distintas familias y sangre diferente, combinando ejemplares del Iberá con otros del Impenetrable”, sostuvo.
Se trata de un proceso que puede llevar años. “Este trabajo demanda al menos dos años o más para que los animales puedan adaptarse y comenzar a reproducirse”, explicó. Sin embargo, los primeros resultados ya generan entusiasmo: la presencia de crías nacidas en libertad marca un avance concreto hacia la recuperación definitiva de la especie.
Así, la vuelta de la nutria gigante no solo representa el regreso de un animal emblemático, sino también un paso clave en la restauración de los ecosistemas argentinos, donde cada especie cumple un rol esencial para mantener el equilibrio natural.

