En diálogo con Portal Misiones, la psicóloga Desirée Wiedemann advirtió sobre las consecuencias invisibles de la llamada «carga mental femenina», una sobreexigencia que pesa con fuerza sobre las mujeres, tanto en el hogar como en el trabajo. Esta exigencia permanente produce síntomas como insomnio, irritabilidad, pérdida de empatía y disminución del rendimiento en la vida diaria.
“En una sociedad machista, las mujeres no solo integran una parte esencial de la fuerza laboral, sino que además continúan asumiendo el rol tradicional que históricamente se les impuso: encargarse del hogar, de los hijos, de los afectos”, explicó, poniendo el foco en el esfuerzo tanto emocional como cognitivo que esta situación conlleva. No se trata solo de hacer tareas, sino de pensar, planificar, organizar y coordinar múltiples actividades y responsabilidades al mismo tiempo. Esta carga, muchas veces invisible y poco reconocida, termina afectando profundamente el bienestar mental y emocional de las mujeres.
La psicóloga desmintió también la idea de que las mujeres son más fuertes mentalmente por naturaleza: “No es que seamos más fuertes, es que nos agregaron más tareas, tanto en lo doméstico como en lo público”. Según la especialista, este esfuerzo constante, muchas veces invisibilizado, puede generar un desgaste emocional profundo. “No se trata solo de hacer, sino de pensar todo lo que hay que hacer”, dijo. En contextos familiares donde hay parejas o convivientes, esta responsabilidad suele quedar desbalanceada, recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. “La presión por sostenerlo todo es agotadora”, resumió.
Como ejemplo, explicó que situaciones aparentemente menores pueden ser el punto de quiebre. “Una garrafa vacía puede ser el desencadenante”, mencionó. No por el hecho en sí, sino porque detrás hay una acumulación de tareas, responsabilidades y falta de apoyo. “El problema no es la garrafa, es todo lo que vino antes”, subrayó, en referencia al colapso emocional que puede generar la sobrecarga continua sin espacios de descarga ni redes de contención.
Finalmente, la especialista remarcó la importancia de que las madres y mujeres cuidadoras tengan espacios propios, de ocio, conversación y vínculos entre adultos. “El que cuida también necesita cuidado. Hay algo llamado estrés del cuidador: se vive según los horarios y necesidades de otros, no por los propios tiempos personales» señaló.
