por Redacción Central
A dos años de sufrir un accidente cerebrovascular, el dirigente cooperativista y empresario compartió con Portal Misiones una experiencia que transformó profundamente su vida. Habló de la pérdida repentina de autonomía, la depresión, el esfuerzo de la rehabilitación y el papel fundamental de su familia. Su testimonio también deja una advertencia sobre la importancia de prevenir y atender a tiempo una enfermedad que puede cambiarlo todo en cuestión de minutos.
En el marco del Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), que se conmemora cada 29 de octubre, el dirigente cooperativista y empresario Juan Carlos Perotti ofreció un testimonio tan conmovedor como necesario. A dos años de haber sufrido un episodio que le provocó la parálisis de la mitad izquierda de su cuerpo, repasó el difícil camino de recuperación y las enseñanzas que le dejó una experiencia que lo obligó, literalmente, a comenzar de nuevo.
En una entrevista con Portal Misiones, Perotti habló con franqueza sobre sus miedos, las limitaciones físicas, el impacto emocional y la importancia de contar con una familia que lo sostuvo en los momentos más difíciles.
Su relato adquiere especial relevancia en una jornada dedicada a generar conciencia sobre una enfermedad que constituye una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo, y frente a la cual el reconocimiento temprano de los síntomas y la atención médica inmediata pueden marcar una diferencia decisiva.
Hasta el momento del episodio, Perotti llevaba una vida activa, con responsabilidades laborales, actividades sociales y una rutina que, según recordó, no parecía anticipar lo que estaba por suceder.
La noche anterior había compartido una actividad física con amigos. Durante la cena experimentó una breve desconexión, una especie de laguna que atribuyó al cansancio.
Sin embargo, al despertar a la mañana siguiente, descubrió que algo grave había ocurrido.
«Llegué a casa, me bañé, me acosté, me dormí y a la mañana cuando me levanté y me quise parar, me caí al piso directamente. Se me paralizó completamente el lado izquierdo del cuerpo, la mitad muerta. No entendía nada», relató.
En cuestión de horas, pasó de desenvolverse con absoluta independencia a no poder sostenerse de pie.
Fue trasladado inicialmente al hospital de área de Montecarlo, donde se consideró la posibilidad de un ataque isquémico transitorio. Posteriormente, por iniciativa de su esposa Natalia, acudieron a un especialista en neurología en Eldorado.
Aquella experiencia le permitió comprender la importancia de actuar con rapidez ante cualquier señal compatible con un ACV.
Superada la etapa inicial, comenzó un proceso que Perotti describe como una de las pruebas más exigentes de su vida.
Caminar, utilizar los cubiertos, coordinar movimientos y recuperar habilidades cotidianas se convirtieron en objetivos que requerían esfuerzo, paciencia y una enorme fortaleza emocional.
Acciones que durante décadas había realizado de manera automática pasaron a exigir concentración y práctica permanente.
Incluso recordó que, durante las comidas, observaba atentamente a su esposa para intentar reproducir movimientos que antes le resultaban completamente naturales.
La recuperación no fue lineal. Hubo avances, retrocesos, frustraciones y momentos en los que la incertidumbre sobre el futuro se volvió especialmente difícil de sobrellevar.
Pero, según explicó, las limitaciones físicas no fueron el único desafío.
Uno de los pasajes más profundos de la entrevista estuvo relacionado con las consecuencias emocionales que puede provocar la pérdida repentina de autonomía.
Perotti reconoció que la depresión representó uno de los obstáculos más difíciles de enfrentar.
«Es aprender a convivir con la depresión, que es el peor de los venenos del ACV. Vos no te olvides que de estar activo de un día para el otro, no sabés si vas a volver a caminar, a manejar, te cambia la vida familiar, personal y laboral», expresó.
Su reflexión pone en evidencia una dimensión de la enfermedad que muchas veces queda relegada frente a las secuelas físicas: el impacto psicológico de depender de otras personas, modificar proyectos y aceptar que la recuperación puede ser lenta e incierta.
El acompañamiento emocional, la atención profesional y la contención familiar forman parte fundamental de ese proceso.
En distintos momentos de la conversación, Perotti destacó el papel decisivo que tuvieron su esposa Natalia y sus hijos.

El apoyo cotidiano, la insistencia para continuar con los tratamientos y la confianza en sus posibilidades de recuperación fueron, según reconoció, fundamentales para seguir adelante.
También valoró especialmente el trabajo de los profesionales que lo acompañaron durante la rehabilitación.
Entre ellos mencionó a la kinesióloga Dayana Expósito, con quien trabajó intensamente para alcanzar una meta cargada de significado personal: poder caminar durante la recepción de su hija.
Aquello que para otras personas podía representar un gesto sencillo, para él se había convertido en una conquista enorme.
Con el paso del tiempo consiguió recuperar la capacidad de caminar y volver a conducir, aunque todavía convive con secuelas en el brazo y la mano izquierda, además de otras dificultades físicas y emocionales. Su recuperación continúa siendo un proceso de adaptación y aprendizaje.
La experiencia también llevó a Perotti a revisar profundamente su estilo de vida. Recordó que apenas un mes antes del ACV había recibido un diagnóstico de diabetes y reconoció que mantenía hábitos poco saludables, entre ellos el consumo de cigarrillos, grandes cantidades de gaseosas y una alimentación inadecuada.
Con la perspectiva que le dieron estos dos años, admitió que muchas de aquellas conductas merecían mayor atención.
Su reflexión constituye un mensaje de prevención, particularmente importante frente a factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y las alteraciones del colesterol.
Aunque no todos los accidentes cerebrovasculares pueden prevenirse, controlar estos factores y sostener hábitos saludables contribuye a reducir el riesgo.
La entrevista también permitió abordar una problemática que trasciende la experiencia personal de Perotti: las dificultades que enfrentan muchos pacientes para acceder a tratamientos especializados de rehabilitación.
El dirigente planteó la necesidad de fortalecer la disponibilidad de profesionales dedicados a la recuperación de personas adultas que atravesaron un ACV, particularmente en áreas como terapia ocupacional.
Advirtió que la escasez de especialistas en determinadas localidades obliga a numerosas familias a realizar traslados, reorganizar sus actividades y afrontar procesos prolongados con recursos limitados.
La rehabilitación neurológica requiere, en muchos casos, un abordaje interdisciplinario y sostenido, que contemple tanto la recuperación motora como la autonomía cotidiana, el lenguaje y la salud emocional.
En ese sentido, su testimonio abre un debate necesario sobre la accesibilidad y la continuidad de los servicios de rehabilitación en el interior de Misiones.
El Día Mundial del ACV constituye también una oportunidad para recordar que cada minuto cuenta cuando una persona presenta síntomas compatibles con un accidente cerebrovascular.
Entre las principales señales de alerta se encuentran la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un brazo, una pierna o un lado de la cara; las dificultades para hablar o comprender; la alteración súbita de la visión; los problemas repentinos de equilibrio y un dolor de cabeza intenso e inusual.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, es fundamental solicitar asistencia médica de emergencia inmediatamente, incluso si los síntomas desaparecen. No se debe esperar a que la persona mejore por sí sola.
La rapidez en el diagnóstico y el tratamiento puede reducir significativamente el riesgo de muerte y de secuelas permanentes.
A dos años de aquella mañana que modificó su existencia, Juan Carlos Perotti asegura que la experiencia también transformó su manera de comprender la vida y de relacionarse con los demás.
La enfermedad lo obligó a detenerse, reconocer sus propias limitaciones y valorar aspectos que antes podían quedar relegados por las obligaciones cotidianas.
También tuvo que superar el temor y la vergüenza inicial de regresar a la actividad social y laboral con secuelas visibles.
Hoy reconoce que el camino recorrido le permitió mirar a las personas desde otra perspectiva, con mayor sensibilidad y comprensión.
«Te cambia la forma de ver a la gente. No te queda otra que volver a aprender a vivir y convivir con lo que tenés», reflexionó.
Su historia no pretende presentar la recuperación como un camino sencillo ni minimizar las dificultades que enfrentan quienes sobreviven a un ACV.
Por el contrario, muestra que detrás de cada paciente existe una vida que debe reorganizarse, una familia que también atraviesa el proceso y una necesidad permanente de acompañamiento.
En el Día Mundial del ACV, el testimonio de Juan Carlos Perotti deja una enseñanza que va más allá de su experiencia personal: cuidar la salud antes de que aparezcan las señales de alarma, actuar inmediatamente cuando se presentan y comprender que la rehabilitación no consiste solamente en recuperar movimientos, sino también en reconstruir la confianza, la autonomía y los proyectos de vida.