por Redacción Central
ESPECIAL PORTAL MISIONES | CIERRE DE OCTUBRE ROSA
El 31 de octubre concluyó el Mes de Concientización sobre el Cáncer de Mama, una campaña que cada año moviliza a instituciones, profesionales de la salud, organizaciones sociales y pacientes. Pero las enfermedades oncológicas no entienden de fechas, campañas ni calendarios. La prevención, los controles médicos y el acompañamiento deben mantenerse durante los doce meses del año.
Durante octubre, Portal Misiones abrió sus espacios periodísticos a cuatro testimonios que merecen trascender el cierre de la campaña. Carlos “Charlie” González, Liliana Seewald, Myriam Analía Comparín y Elba Noguera compartieron experiencias atravesadas por el diagnóstico, las cirugías, los tratamientos, el temor y la incertidumbre, pero también por el acompañamiento familiar, la solidaridad y la decisión de seguir adelante.
No son historias idénticas. Tres corresponden al cáncer de mama y una al cáncer de pulmón. Sin embargo, todas permiten comprender que la información y la atención médica oportuna pueden cambiar el curso de una enfermedad.
Carlos “Charlie” González, reconocido locutor y comunicador de Eldorado, decidió hablar públicamente de una enfermedad que suele asociarse exclusivamente con las mujeres.

Atravesó tres intervenciones quirúrgicas, entre ellas una mastectomía, y actualmente continúa con tratamiento hormonal y controles médicos periódicos.
Su testimonio permitió visibilizar una realidad poco difundida: los hombres también tienen tejido mamario y pueden desarrollar cáncer de mama.
Charlie advirtió sobre los prejuicios, la vergüenza y el desconocimiento que pueden llevar a los varones a demorar una consulta. Su decisión de compartir públicamente la experiencia constituye un llamado a romper el silencio.
La enseñanza es clara: ningún hombre debería ignorar la aparición de un bulto, una secreción por el pezón o cambios persistentes en la zona mamaria. Ante estas señales corresponde consultar, sin esperar a que aparezca dolor.
La historia de Liliana Seewald, docente misionera y madre de dos hijos, amplió la mirada hacia otro tipo de cáncer: el pulmonar.

Durante años convivió con tos, fiebre y episodios respiratorios que eran tratados como afecciones recurrentes. Finalmente, estudios especializados permitieron detectar un carcinoma de células pequeñas en el pulmón derecho.
Su tratamiento incluyó una compleja intervención quirúrgica de más de doce horas, la extirpación de un pulmón y un paro cardíaco del que logró recuperarse.
Hoy, libre de cáncer según su testimonio publicado, continúa con controles médicos y regresó a las aulas.
Su experiencia deja una advertencia que merece ser escuchada: los síntomas persistentes o recurrentes necesitan una evaluación adecuada, especialmente cuando los tratamientos habituales no ofrecen una respuesta duradera.
Liliana lo expresó con una frase sencilla y contundente:
“El cuerpo habla, te dice que hay algo más. Es fundamental prestarle atención al detalle y salir de la duda”.
Su historia no solo habla de supervivencia. También recuerda la importancia de buscar atención especializada y, cuando sea necesario, una segunda opinión médica.
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Myriam Analía Comparín descubrió su cáncer de mama después de una caída durante un viaje a Mendoza. El dolor que sintió la llevó a realizarse estudios médicos, pese a que apenas unos meses antes había cumplido con sus controles preventivos.

Los resultados revelaron dos tumores en la mama derecha y uno en la axila. Posteriormente atravesó una mastectomía, vaciamiento ganglionar, 16 sesiones de quimioterapia y 28 de radioterapia.
En medio del tratamiento encontró un sostén fundamental en sus hijas, familiares y amigos. También recibió acompañamiento psicológico y nutricional.
Su testimonio contiene una advertencia especialmente importante para aquellas mujeres que, por las responsabilidades familiares, laborales o económicas, suelen dejar su propia salud en último lugar.
Myriam insiste en que el cáncer no debe romantizarse. Es una enfermedad que requiere diagnóstico, atención médica y tratamientos oportunos.
Su mensaje resume una convicción nacida de la experiencia: “Insistir, resistir, persistir, pero nunca desistir”.
La historia demuestra, además, que haberse realizado controles recientemente no significa que deban ignorarse síntomas nuevos. Ante cualquier cambio sospechoso es necesario volver a consultar.
Quizás uno de los testimonios más movilizadores de este Octubre Rosa haya sido el de Elba Noguera.

Su historia comenzó cuando los profesionales médicos le indicaron realizarse una biopsia para estudiar una lesión mamaria. Sin embargo, el temor al resultado la llevó a postergar el procedimiento durante un año. Cuando finalmente volvió a consultar, recibió el diagnóstico de cáncer de mama invasivo. Fue sometida a una mastectomía y a un vaciamiento ganglionar. Después llegaron 25 sesiones de quimioterapia y 35 de radioterapia.
En medio del sufrimiento encontró fuerzas en sus hijos, en su fe y en los profesionales que la acompañaron. Uno de sus mayores deseos era vivir para ver graduarse a su hija menor, Antonela. Y pudo cumplirlo.
Pero Elba no quiso que su experiencia quedara solamente como una historia personal de superación.
Decidió hablar públicamente para advertir sobre las consecuencias que puede tener el miedo cuando se convierte en una barrera para acceder al diagnóstico.
“El miedo me hizo perder un año a mí. No se dejen estar”.
Es una frase breve, pero encierra una enseñanza enorme. Porque muchas veces el problema no es solamente desconocer una enfermedad, sino saber que existe una señal de alerta y no animarse a enfrentarla.
Elba también destacó la atención recibida en el sistema sanitario provincial y la importancia de aprovechar los operativos de prevención y los servicios médicos disponibles.
Su mensaje final merece trascender octubre:
“No tengan miedo. La vida vale la pena”.
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Las cuatro experiencias permiten identificar recomendaciones que deberían mantenerse presentes durante todo el año.
No postergar las consultas. Ante un bulto, cambios en las mamas, sangrados inexplicables, tos persistente u otros síntomas preocupantes, acudir a un profesional.
Realizar los estudios indicados. La mamografía puede detectar lesiones antes de que sean palpables. La edad de inicio y la frecuencia dependen del riesgo individual y de las recomendaciones sanitarias vigentes.
No abandonar el seguimiento. Un diagnóstico de cáncer requiere un plan de tratamiento y controles adaptados a cada paciente.
Hablar del cáncer sin vergüenza. La enfermedad también puede afectar a los hombres y necesita ser abordada sin prejuicios.
Promover hábitos saludables. Evitar el tabaco, mantener actividad física, moderar o evitar el alcohol y sostener una alimentación equilibrada contribuyen a reducir el riesgo de distintos tipos de cáncer, aunque no eliminan completamente la posibilidad de desarrollarlos.
Garantizar el acceso a la salud. La detección temprana también depende de disponer de profesionales, estudios, diagnósticos y tratamientos oportunos.
Es importante diferenciar la prevención, que busca reducir el riesgo de enfermar, de la detección temprana, que procura identificar una enfermedad antes de que avance. Ninguna de ellas garantiza por sí sola la curación, pero ambas pueden mejorar significativamente las oportunidades de tratamiento.
Estas historias también obligan a mirar más allá de las decisiones individuales.
En una provincia como Misiones, donde numerosas familias viven alejadas de los principales centros de atención especializada, la distancia, los recursos económicos, los tiempos de espera y las responsabilidades cotidianas pueden convertirse en obstáculos para acceder a los controles.Por eso, hablar de prevención implica también hablar de políticas públicas, de campañas permanentes, de profesionales capacitados y de servicios sanitarios accesibles. El Instituto Misionero del Cáncer, los hospitales, los centros de atención primaria y los operativos sanitarios cumplen un papel importante en ese proceso.
Pero la responsabilidad no termina en el sistema de salud. También alcanza a las familias, las instituciones educativas, los medios de comunicación y las organizaciones comunitarias. Escuchar a quien atraviesa una enfermedad, acompañarlo sin juzgarlo y facilitarle el acceso a la atención médica son formas concretas de contribuir a su bienestar.
Durante octubre, Portal Misiones eligió contar historias con nombres y apellidos. Historias de personas que atravesaron momentos difíciles y encontraron distintas maneras de seguir adelante.
Charlie González enseñó que los hombres también deben hablar del cáncer de mama sin vergüenza.
Liliana Seewald recordó que el cuerpo envía señales que merecen ser investigadas.
Myriam Comparín demostró la importancia de actuar frente a un diagnóstico y encontrar acompañamiento durante el tratamiento.
Elba Noguera dejó una advertencia que debería resonar mucho más allá de estas páginas: el miedo no puede ser más fuerte que la decisión de cuidar la propia vida.
No todas las personas tendrán la misma evolución ni responderán de igual manera a los tratamientos. Por eso, estas historias no deben interpretarse como promesas de curación, sino como testimonios que invitan a consultar, informarse y buscar atención profesional.
Desde Portal Misiones queremos que estas voces sigan escuchándose después de octubre. Porque la verdadera concientización no consiste solamente en iluminar edificios de rosa, colocar un lazo en la ropa o compartir una campaña en las redes sociales.
Consiste en lograr que una mujer no postergue su mamografía por miedo, que un hombre no oculte un síntoma por vergüenza, que una familia acompañe a quien enfrenta un diagnóstico y que ninguna persona quede sin atención por vivir lejos de un centro médico o carecer de recursos.
El mejor resultado de estas cuatro historias será que alguien, después de leerlas, tome una decisión que venía postergando: pedir un turno, realizarse un estudio o consultar por un síntoma.
Porque octubre puede terminar. Pero la prevención, el cuidado y el compromiso con la vida deben continuar todos los días.