Un hombre fue condenado a 9 años de prisión efectiva tras admitir su culpabilidad en el abuso sexual de un niño de 4 años, hecho ocurrido hace poco más de dos años en una iglesia evangélica de la localidad de Oberá. Al verse acorralado por las pruebas en su contra, el acusado decidió firmar un juicio abreviado por el delito de «abuso sexual con acceso carnal», evitando así el debate oral que estaba programado ante el Tribunal Penal de Oberá.
El agresor era miembro del culto, residía en el mismo predio del templo y colaboraba con el mantenimiento del lugar en sus ratos libres. En ese mismo espacio, la madre de la víctima también realizaba tareas de limpieza y solía asistir acompañada por su pequeño hijo, quien jugaba en los alrededores mientras ella trabajaba.
Aprovechando este contexto de supuesta hermandad religiosa, el hombre logró ganarse la confianza de la madre y del niño. Su estrategia consistía en llevarle caramelos al menor para generar empatía y, de esta manera, lograr que se distrajera y se apartara de la supervisión de su progenitora.
La investigación determinó que el acusado utilizaba la entrega de dulces como excusa para trasladar al niño a un espacio oculto mientras la madre estaba concentrada en sus tareas. Lo que comenzó con manoseos y tocamientos derivó, bajo el mismo engaño de las golosinas, en un acceso carnal.
El calvario terminó el mismo día del ataque más grave, cuando el niño le relató a su madre lo sucedido, lo que llevó a la mujer a radicar la denuncia de inmediato. Ante la contundencia probatoria, el fiscal Juan Pablo Fernández Rissi ofreció el juicio abreviado que el imputado terminó aceptando; el acuerdo ya fue entregado al Tribunal para su posterior homologación y sentencia firme.
