En una jornada que quedará marcada como uno de los debates más trascendentales de las últimas décadas, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, un proyecto que modifica aspectos centrales de la relación entre trabajadores y empleadores en Argentina y que ahora deberá volver al Senado para su sanción definitiva. La iniciativa, que generó fuertes tensiones políticas y sociales, introduce cambios en indemnizaciones, jornadas laborales, vacaciones y mecanismos de despido, lo que podría redefinir el sistema laboral vigente desde hace generaciones.
Entre los puntos más sensibles se destacan modificaciones en el cálculo de indemnizaciones por despido, que mantendrán el criterio de un sueldo por año trabajado, pero excluirán conceptos demonstrated como aguinaldo o premios extraordinarios, además de habilitar sistemas alternativos como fondos de cese laboral financiados por los empleadores. También se permitirá el pago de indemnizaciones en cuotas en ciertos casos, mientras que el nuevo esquema incorpora el llamado “banco de horas”, un mecanismo que permitirá compensar horas extra con francos o reducciones de jornada, siempre mediante acuerdo entre empleador y trabajador.
La reforma también introduce cambios en el régimen de vacaciones, habilitando su fraccionamiento en períodos de al menos siete días y estableciendo que podrán otorgarse entre el 1 de octubre y el 30 de abril, salvo acuerdos distintos entre las partes. Sin embargo, algunos artículos, como los relacionados con licencias por enfermedad, fueron eliminados del texto final tras el debate legislativo. La aprobación en Diputados se produjo en medio de protestas sindicales, fuertes cuestionamientos de la oposición y un clima de alta sensibilidad social, ya que el proyecto representa una transformación estructural en el modelo laboral argentino. Ahora, el Senado tendrá la última palabra en una decisión que podría marcar un antes y un después en la historia del trabajo en el país.
