La reunión convocada por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), en la localidad de Campo Viera, para dialogar con pequeños productores de toda la provincia se desarrolló en un clima de alta tensión y dejó al descubierto la grave crisis que atraviesa el sector yerbatero misionero. Fuente: Diario SOL/Federico Frank
El encuentro comenzó con la exposición de María Soledad Fracalossi, representante por la producción, seguida por la intervención de Jorge Emilio Eugenio Haddad, también representante por la producción y uno de los fundadores del organismo. Ambos expusieron el panorama complejo que enfrentan los productores, caracterizado principalmente por la pérdida progresiva de atribuciones del INYM a raíz de decisiones adoptadas a nivel nacional.
“No hay novedades respecto al precio. Nos gustaría poder decir lo contrario, pero no es así. Vinimos a dar la cara y a explicar lo que está pasando. Estamos con las manos atadas”, expresó Haddad ante los productores presentes.
Por su parte, Roberto Carlos Ferreyra, otro de los representantes por la producción, sostuvo que las medidas nacionales vigentes perjudican directamente al pequeño productor y ponen en riesgo la sustentabilidad de la actividad. “Hablar de yerba es hablar de Misiones. Es nuestra producción más importante y el consumo no para de crecer. Sin embargo, hoy los números no cierran para las 15.000 familias productoras de la provincia”, remarcó.
Ferreyra propuso elevar el valor del paquete de yerba en góndola a los 8.000 pesos, con el objetivo de mejorar el ingreso por kilo al productor. Para ilustrarlo, ejemplificó: “Tres caramelos cuestan 300 pesos. Si se pagaran tres caramelos más por kilo al productor, la situación se resolvería. A las familias no les cambia sustancialmente la economía pagar un poco más por mes por el paquete de yerba”.
Fracalossi fue contundente al detallar las limitaciones actuales del instituto: “Con la quita de facultades, hoy de ninguna manera podemos fijar un precio mínimo para la yerba. No podemos hacerlo porque nos quitaron esa atribución. Las herramientas que nos quedan son escasas y solo nos resta seguir reclamando y luchando por los productores”. Agregó que el desafío radica en “reordenar la casa” para acompañar al sector de manera indirecta.
De acuerdo con fuentes consultadas por este medio, el ambiente se tornó cada vez más áspero cuando los productores consultaron por soluciones concretas que podía ofrecer el organismo. La respuesta desde el INYM fue clara: “La realidad es simple. Desde Nación decidieron bajar línea y no responden. Hay que ser realistas”. Haddad también expuso el aislamiento que padecen dentro del directorio: “Somos solo tres representantes de la producción. Los representantes de las cooperativas que se están fundiendo votan con los industriales y nos dejan solos”.
Durante el intercambio, los productores coincidieron en que el mercado no se autorreguló como se había prometido. “La libre oferta y demanda no funcionó. Solo provocó concentración y ahora quieren instalar una sobreoferta mayor a la real. El INYM tiene que recuperar sus herramientas de control para garantizar un precio justo”, expresó uno de los presentes.
Con evidente malestar, los productores reclamaron la presencia del presidente del INYM, Rodrigo Correa, y cuestionaron la falta de respaldo institucional. “Nosotros pedimos que venga el presidente, no solo los representantes de la producción”, manifestaron.
Otros productores advirtieron sobre la necesidad de mayor unidad y representación del sector primario. Plantearon la posibilidad de no cosechar si no se resuelve el precio y propusieron la creación de un gremio provincial que actúe en conjunto con el INYM, en un esquema similar al del sector tabacalero.
Este medio pudo constatar, mediante fuentes consultadas, que el reclamo se extendió también a los intendentes de la provincia, a quienes los productores instaron a involucrarse activamente. “Esto va a seguir empeorando y los pueblos se van a empobrecer si seguimos a este ritmo”, advirtieron.
La crisis yerbatera, agravada por precios de la hoja verde que no cubren los costos de producción (estimados en alrededor de $424 por kilo según el propio INYM, mientras se pagan valores mucho menores), continúa generando preocupación en la tierra colorada, donde miles de familias dependen de esta actividad.
