A un año del fallecimiento de Papa Francisco, su figura continúa marcando un antes y un después en la Iglesia Católica. El primer pontífice latinoamericano dejó un legado centrado en la cercanía con la gente, la justicia social y una Iglesia más abierta, en diálogo con los problemas del mundo actual.
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires en 1936, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Se formó como sacerdote en la orden jesuita y desarrolló gran parte de su tarea pastoral en Argentina, donde fue arzobispo de Buenos Aires. En 2013 fue elegido papa, convirtiéndose en el primero de América y del hemisferio sur. Desde el inicio de su pontificado eligió un estilo austero, alejado de los lujos, y adoptó el nombre Francisco en homenaje a San Francisco de Asís, símbolo de humildad y compromiso con los pobres.
Su llegada al Vaticano significó una transformación profunda en la Iglesia. Impulsó una institución más cercana a los sectores vulnerables, con un fuerte mensaje de inclusión y misericordia. Puso el foco en la justicia social, criticó las desigualdades económicas y promovió el cuidado del medio ambiente como una responsabilidad moral. Además, buscó abrir el diálogo con distintos sectores, incluyendo a personas históricamente marginadas, y promovió reformas internas para hacer más transparente y simple la estructura eclesiástica.
Durante su papado también abordó temas sensibles, como los abusos dentro de la Iglesia, e intentó avanzar en medidas de prevención y sanción. Su liderazgo generó tanto adhesiones como resistencias, pero logró instalar debates que atravesaron no solo lo religioso, sino también lo político y social a nivel global.
A lo largo de su vida, Francisco dejó numerosas frases que reflejan su pensamiento y su forma de entender la fe y la sociedad. Entre ellas se destacan: “¿Quién soy yo para juzgar?”, “No se dejen robar la esperanza”, “La Iglesia no es una aduana, es un hospital de campaña”, “La política es una de las formas más altas de la caridad”, “Cuento con ustedes para edificar un mundo nuevo”, “La fe es revolucionaria”, “Cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”, “No balconeen la vida, métanse en ella”, “El tiempo es superior al espacio” y “La realidad es más importante que la idea”.
A un año de su muerte, el legado de Francisco sigue presente en millones de personas y en el rumbo de la Iglesia Católica, que aún transita el camino de cambios que él impulsó con una mirada más humana, cercana y comprometida con la realidad social.
