En la antesala de un nuevo 2 de abril, fecha en la que se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Norberto Hermes Aguirre, excombatiente y cabo de artillería, compartió su experiencia personal y reflexiones sobre uno de los episodios más dolorosos de la historia argentina.
En diálogo con Portal Misiones, Aguirre comenzó destacando el paso del tiempo: “44 años que pasaron de 1982, es increíble”, expresó, aunque aclaró que la carga emocional sigue intacta: “siempre recibo esta fecha con mucha emoción”. Al referirse al significado del 2 de abril, fue crítico: “fue una locura la decisión del presidente de facto de ese entonces”.
Sobre su experiencia, rechazó la idea de que los combatientes fueran “chicos de la guerra”: “nos tocó ir, no éramos chicos, éramos hombres; yo fui a Malvinas con 20 años”. Sin embargo, relató las dificultades que enfrentaron: “yo estuve con seis soldados a cargo y con armamento que nunca había visto ni preparado”. Según recordó, muchos de los jóvenes bajo su mando tenían apenas 18 años y carecían de experiencia: “nunca habían disparado un FAL”.
Aguirre llegó a las islas el 26 de abril de 1982. “Lo que más recuerdo de esa noche fueron las luces del aeropuerto argentino, parecía una película, pero fue el comienzo de una pesadilla”, relató. Días después, el 1 de mayo, comenzaron los bombardeos: “fue increíble, como una película en vivo, escuchar el silbido de las bombas”.
Durante el conflicto, le tocó desempeñarse como artillero, una de las posiciones más expuestas: “recibíamos bombardeos constantemente, al principio de día, después de noche, y en los últimos días a toda hora”. Además, debió asumir la responsabilidad de sus subordinados en condiciones extremas: “tuve que encargarme de seis chicos, leer el material que tenía a cargo y combatir el frío. Fue un proceso largo y duro”.
El excombatiente también recordó el impacto emocional de la guerra: “en ese momento pensaba en mamá y papá, los extrañaba. En la guerra uno pelea para sobrevivir, implora a Dios para salvar su vida”. Reconoció que en aquel entonces no dimensionaban completamente lo que estaban viviendo: “creo que a esa edad nunca llegamos a tener conciencia de lo que fue”.
Uno de los momentos más duros de su testimonio fue al recordar la pérdida de compañeros: “me tocó ver morir y enterrar compañeros”.

Décadas después, en 2012, Aguirre tuvo la oportunidad de regresar a las Islas Malvinas, en una experiencia que definió como profundamente movilizadora: “fue muy fuerte, casi como estar en 1982. No quería bajarme del avión, pero cuando sentí el viento frío volví en mi mente a ese año”. Durante el recorrido, visitó su antigua posición y el cementerio: “volvieron a mi mente cosas que había borrado. Fue un viaje sanador, incluso encontré pertenencias en el mismo lugar donde las había dejado”.
Finalmente, Aguirre hizo referencia a las secuelas que aún persisten entre los veteranos: “esta guerra es una herida que no cicatrizó y sigue cobrando víctimas”, dijo en relación a los casos de suicidio. Y reflexionó sobre la actualidad: “no pasó hace tanto tiempo y el mundo cambió mucho. Hoy vemos a la juventud atravesada por la violencia y la muerte”.
A 44 años del conflicto, su testimonio vuelve a poner en primer plano la memoria, el dolor y la necesidad de no olvidar una guerra que sigue presente en la historia y en la vida de quienes la atravesaron.
