La gimnasta Milena Valeska Bazila, oriunda de Oberá, se convirtió en la primera misionera en clasificar a un Campeonato Panamericano y a la Copa Sudamericana de gimnasia rítmica, marcando un hecho histórico para la provincia. Con tan solo 12 años, su logro es el resultado de años de esfuerzo, disciplina y acompañamiento profesional.
En diálogo con Portal Misiones, su madre, Anabel Kasztelan, destacó la magnitud del camino recorrido: “Esto es preparación de meses y años. Cada vez que abrís un camino no es fácil, y entrar a un Panamericano tampoco. Lo hicimos con toda la madurez posible”. En ese sentido, remarcó que el logro no es individual, sino colectivo: “No es solo el esfuerzo de la familia, también está la entrenadora y un equipo que acompaña hace tiempo”. Actualmente, Valeska cuenta con el seguimiento de un psicólogo deportivo y una nutricionista (trabajo que llevan adelante desde hace cuatro años), además del apoyo de una kinesióloga que interviene ante cualquier exigencia física. “Para nosotros es como nuestra Messi en casa”, expresó con orgullo.

La rutina de la joven deportista refleja el nivel de compromiso que implica el alto rendimiento. Valeska entrena seis horas diarias, combinando preparación física y danza clásica, incluso durante feriados. A esto se suma su formación académica, con doble turno escolar. “Primero pienso en el colegio, pero me cuesta porque no me da el tiempo. Igual me ayudan con trabajos prácticos para poder cumplir”, contó Milena Valeska Bazila para Portal Misiones. Desde su entorno destacan que la gimnasia rítmica no solo le dio herramientas deportivas, sino también disciplina y organización: “Siempre tuvo orden, nunca tuvimos que decirle ‘sentate a hacer la tarea’”, señaló su madre.
El camino, sin embargo, no estuvo exento de desafíos. La familia reconoce que sostener este nivel de competencia implica un gran esfuerzo económico, especialmente en el contexto actual. “Este año nos está costando mucho, tenemos muchos viajes y las inscripciones son en dólares”, explicó Kasztelan, aunque también valoró el acompañamiento institucional: el Ministerio de Deportes brinda una beca que cubre el trabajo con el psicólogo y la nutricionista. Aun así, el sostén principal sigue siendo familiar. “Yo soy profesora de música y mi marido es ingeniero agrónomo, todo este mundo es nuevo para nosotros”, agregó.
En lo emocional, uno de los aspectos clave ha sido el aprendizaje sobre la frustración. “Como padres, a veces no sabemos si una palabra puede generar dudas, pero ella siempre lo tomó como un juego desde los 3 años. Cuando empezó en serio, hace cuatro años, entró al alto rendimiento”, explicó. En ese proceso, el rol del acompañamiento psicológico fue fundamental: “Se trabaja mucho la frustración, entender que no pasa nada”. En casa, cada paso es valorado: “Celebramos todo, un cuarto puesto, un octavo, cada mérito. Eso es importante para seguir”.
Valeska también recuerda con claridad sus inicios, marcados por una decisión simple pero determinante: “Vivía cerca de un gimnasio, tenía muchas ganas y mis papás me dejaron. Ahí empezó todo”. Desde entonces, su crecimiento fue constante, impulsado por una combinación de talento, constancia y pasión. “Hay cosas que pueden parecer repetidas, pero son reales: la dedicación que tiene es como cuando a alguien le gusta ir a su trabajo”, reflexionó su madre.
El momento de la clasificación quedó grabado para siempre. “Mi cuerpo reaccionó a llorar, estaba muy feliz. Nunca lo creí imposible, porque todo se puede con esfuerzo, constancia y pasión”, relató Valeska. Hoy, con un presente prometedor y un futuro abierto, la joven ya tiene en claro cuál es su gran meta: “Mi sueño es llegar a los Juegos Olímpicos”.
